martes, 6 de diciembre de 2016

Magritte: El hada ignorante

El hada ignorante, 1950. Museo Magritte.



En 1950 un amigo de René Magritte, el abogado Pierre Crowet, le solicitó un retrato de su hija Anne-Marie (campeona de tenis que más tarde se convertiría en baronesa Gillion-Crowet). Magritte cumplió el encargo pero a la vez lo convirtió en una de sus imágenes más personales... y más subversivas. En El hada ignorante puede observarse una inversión metafórica: la modelo intensamente iluminada por su entorno (se halla ante una ventana abierta a través de la cual puede apreciarse el cielo diurno) está cerca de una vela encendida cuya llama negra disemina oscuridad en el lado izquierdo de la cara de Anne-Marie.


Detalle.


La luz y la oscuridad intercambian sus valores: la oscuridad deja de ser ausencia de luz. Lo que vemos es como el “negativo” de un retrato oscuro y nocturno, pero sus valores no están invertidos. Esto puede apreciarse si, en un intento de volver a la “lógica” usual, se convierte a negativo la pintura completa:




Hay aquí una cierta vuelta a la “lógica visual”, pero no del todo. Habría entonces que practicar una nueva inversión, ahora parcial, únicamente en la retratada:




Pero aun así los valores siguen trastocados. Sería entonces necesaria una rotación en un vano intento de retornar a esa lógica a la que Magritte ha detonado para siempre:




El misterio de El hada ignorante sobrevive intacto aun cuando se le practiquen estas violencias —experimentales y fervorosas, pero violencias al fin aunque su único móvil es desentrañar algunos de los niveles de polarización que quedan ocultos en la pintura (pero no ajenos a la intuición del espectador, que queda fascinado no por meras inversiones sino por la sorpresa de ver reflejado en un “simple” retrato su propio misterio (el del espectador).
            Los polos no sólo han sido intercambiados sino cuestionados a una insospechada profundidad. El cosmos ya no es “oscuro per se” ni la luz un “milagro fugaz”. Las implicaciones de esta metaforización de Magritte son casi infinitas, en todos los territorios, y ya no sólo en el pictórico o estético sino también en el de las leyes de la física y sobre todo en el filosófico, el místico, el metafísico... La mentalidad binaria se ha visto al espejo, y ya no podrá mantener sus presupuestos como “absolutos”.
            Vuélvase, pues, a la pintura original. Vuélvase también a otro retrato de Anne-Marie que Magritte pintó, ya en la “lógica natural”, a modo de desagravio pero también de nuevo homenaje.





*